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Corridos tumbados: ¿apología de la violencia o reflejo de la realidad? Esto dice un experto de la UG

Corridos tumbados: ¿apología de la violencia o reflejo de la realidad? Esto dice un experto de la UG

Del corrido revolucionario al corrido tumbado: la historia detrás del género que hoy divide opiniones

El corrido está en todas partes: suena en fiestas, en redes sociales y en listas de reproducción que acumulan millones de reproducciones. Pero también está en el centro de un debate constante: ¿es música que glorifica la violencia o una expresión cultural que refleja la realidad?

Para el historiador Luis Omar Montoya Arias, la respuesta no es tan simple. Entender el fenómeno actual del corrido tumbado implica mirar hacia atrás, más de un siglo, y reconocer que este género siempre ha evolucionado junto con la sociedad.

Su interés por la música popular no nació en un aula, sino en casa, en Irapuato, donde creció escuchando historias y rodeado de músicos.

“Las narraciones de mi abuela marcaron de forma importante mi forma de ver el pasado, además de crecer en un ambiente con la presencia de músicos reconocidos”.

Esa mezcla entre memoria, música y curiosidad lo llevó a construir una trayectoria académica que hoy lo posiciona como especialista en el estudio del corrido mexicano.

Corridos tumbados: ¿apología de la violencia o reflejo de la realidad? Esto dice un experto de la UG

Formado en la Universidad de Guanajuato y con estudios de posgrado en la Universidad Autónoma de Sinaloa, Montoya ha trabajado en proyectos documentales para cadenas como History y Discovery Channel, además de participar en producciones recientes como Entre balas y acordes: la historia del corrido.

Pero su investigación no fue sencilla. A inicios de los años 2000, estudiar música popular —y en particular el corrido— no era común dentro de la academia. Para hacerlo, tuvo que viajar, consultar archivos en México y Estados Unidos, y hablar directamente con protagonistas del género.

De la Revolución al streaming: cómo ha cambiado el corrido mexicano

El corrido no nació con el narcotráfico ni con las plataformas digitales. Sus raíces se remontan al siglo XIX, cuando era conocido como “romance” y tenía una función muy clara: informar y politizar a la población.

Durante la Revolución mexicana, el género se consolidó como una herramienta para narrar historias, construir figuras públicas y transmitir mensajes en un país donde la información no circulaba como hoy.

Después, el corrido se alineó con discursos oficiales, aunque también encontró nuevas formas de expresión en momentos como la Guerra Cristera, donde incorporó elementos religiosos que, según el investigador, han sido poco reconocidos en la historia oficial.

El siguiente gran cambio llegó a partir de 1960, con el crecimiento de la radio, la industria discográfica y la influencia de movimientos globales como el rock.

En ese contexto surgieron agrupaciones como Los Tigres del Norte, que no solo transformaron el sonido del corrido, sino también su estética. Dejaron atrás los trajes tradicionales y adoptaron elementos más cercanos a la cultura del rock, además de integrar instrumentos como el bajo eléctrico.

Corridos tumbados: ¿apología de la violencia o reflejo de la realidad? Esto dice un experto de la UG

Durante décadas, dominaron la escena y ampliaron los temas del corrido. A finales de los años 80 comenzaron a abordar el narcotráfico y la política, lo que generó incomodidad, críticas e incluso intentos de censura.

En 1997, canciones como Jefe de jefes mostraron una narrativa más compleja, con críticas sociales que reflejaban la realidad del país.

Corridos tumbados: entre la polémica y la innovación musical

El corrido volvió a transformarse en 2018 con la aparición del llamado “corrido tumbado”, impulsado por agrupaciones como Fuerza Regida y consolidado en 2019 con el álbum Corridos Tumbados de Natanael Cano.

Este subgénero actualiza la tradición al narrar la violencia contemporánea y conectar con nuevas generaciones, especialmente a través de plataformas digitales.

Sin embargo, también ha intensificado el debate sobre el contenido de sus letras.

“Si bien las letras pueden ser cuestionables, los músicos de este género son intérpretes virtuosos y han realizado transformaciones importantes, con innovaciones técnicas en instrumentos, armonías y transiciones, como la docerola, el contrabajo y los ensambles, lo que ha contribuido a su posicionamiento internacional”.

Para Montoya, reducir el corrido tumbado a una simple apología de la violencia es ignorar su complejidad y su relación con el contexto social.

Más que música: un reflejo de la realidad social

El especialista insiste en que el corrido, en cualquiera de sus etapas, siempre ha respondido a su entorno.

“No se trata únicamente de una glorificación de la violencia, sino de discursos que responden a contextos sociales específicos y reflejan tensiones profundas dentro de la sociedad y la estructura familiar, una realidad social que no puede ser ignorada. También permiten abordar temas relevantes, como el ocultismo y el esoterismo, presentes en su narrativa musical, literaria y audiovisual”.

“Desde mi perspectiva, existe una visión equivocada sobre ciertas expresiones musicales contemporáneas. La mayoría de quienes producen estos contenidos no actúan desde la improvisación; cuentan con una preparación sólida, conscientes del mensaje que transmiten y su impacto en la sociedad actual”.

Luis Omar Montoya Arias / historiador de la UG

El debate también alcanza a las decisiones de gobiernos y plataformas que buscan limitar o regular este tipo de contenido.

“Estas decisiones buscan minimizar riesgos comerciales; suelen acompañarse de procesos de estigmatización hacia ciertos géneros musicales y sus intérpretes. (…) Las iniciativas gubernamentales que buscan moralizar o encauzar estas expresiones parten de buenas intenciones, pero no atacan el problema de fondo. Se trata de fenómenos sociales complejos que no pueden resolverse únicamente mediante prohibiciones o programas institucionales”.

Luis Omar Montoya Arias / historiador de la UG

Hoy, mientras el corrido tumbado sigue creciendo en popularidad, la discusión sigue abierta. Más allá de gustos personales, entender su historia permite ver que no es un fenómeno aislado, sino parte de una tradición que ha cambiado junto con el país.

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Y en ese cambio, más que una moda, hay un reflejo de lo que ocurre fuera de los escenarios.

Luis Omar Montoya Arias reviasaes más analítica que moral. Como investigador, no se coloca desde el juicio, sino desde la explicación.

Por un lado, reconoce que las letras pueden ser cuestionables, sobre todo por su relación con la violencia. Pero al mismo tiempo subraya que el fenómeno no se puede reducir solo a eso.

Lo que plantea es que:

  • El corrido (incluido el tumbado) refleja realidades sociales, no las inventa.
  • Es una expresión cultural con historia, evolución y función social.
  • Los artistas no improvisan, hay preparación musical y propuestas técnicas detrás.

Y también es crítico con las soluciones simplistas:

  • Pprohibir o censurar no resuelve el problema de fondo, porque la violencia que aparece en las canciones ya existe en la sociedad.

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