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Después de años sin verse, adultos mayores de Guanajuato cruzan la frontera para reencontrarse con sus hijos

Después de años sin verse, adultos mayores de Guanajuato cruzan la frontera para reencontrarse con sus hijos

Quince adultos mayores llegaron al Aeropuerto Internacional del Bajío con una mezcla de nervios y expectativa que no se explica por el simple hecho de viajar. Para varios de ellos, era la primera vez que abordarían un avión. Pero el destino no era lo que marcaba el momento, sino el motivo: ver a sus hijos después de años —en algunos casos décadas— de separación.

Son originarios de Acámbaro, Doctor Mora, Santa Catarina, Pénjamo, León y Silao de la Victoria. Municipios atravesados por una misma historia: la migración hacia Estados Unidos. Durante años, estos padres y madres se quedaron del lado mexicano mientras sus hijos construían una vida al otro lado de la frontera. La distancia se volvió rutina.

La comunicación cambió con el tiempo. Primero fueron cartas, luego llamadas telefónicas y más tarde mensajes de voz. Pero ninguna de esas formas logró sustituir el contacto directo. La voz llegaba, la imagen también, pero el abrazo seguía pendiente.

Ahora, ese pendiente toma forma en un vuelo con destino a California.

Después de años sin verse, adultos mayores de Guanajuato cruzan la frontera para reencontrarse con sus hijos

El programa que intenta cerrar la distancia

El viaje forma parte del programa “Mineros de Plata”, impulsado por el Gobierno de Guanajuato través de la Secretaría de Derechos Humanos y su Subsecretaría de Atención a Personas Migrantes y en Contexto de Movilidad. El objetivo es facilitar el reencuentro de adultos mayores con sus hijos que radican en Estados Unidos, especialmente cuando han pasado más de diez años sin verse.

El proceso no es menor. Para muchos de los beneficiarios, la gestión de documentos ante autoridades estadounidenses representa un obstáculo complejo. Por eso, el acompañamiento incluye desde la tramitación hasta la asistencia durante el traslado.

En la sala de espera, la escena es contenida. No hay expresiones desbordadas, pero sí gestos que delatan la carga emocional: manos firmes sobre documentos, miradas fijas en las pantallas de abordaje y conversaciones breves. Cada uno procesa el momento a su manera.

Liz Alejandra Esparza Frausto, titular de la Secretaría de Derechos Humanos de Guanajuato, subrayó el sentido del programa al acompañar la salida del grupo.

“Estas familias nos recuerdan por qué existe la política pública con rostro humano que nos ha instruido la gobernadora Libia Dennise García Muñoz Ledo . Cuando vemos a una madre de 80 años abordar un avión para ver a su hijo luego de muchos años, entendemos que nuestro trabajo no termina en trámites ni en gestiones: termina en un abrazo y eso es lo que Mineros de Plata significa para Guanajuato”

Liz Alejandra Esparza Frausto / Secretaría de Derechos Humanos Guanajuato

El acompañamiento no termina en México. Del otro lado de la frontera, el Club Migrante Festival Santa Catarina y autoridades de ese municipio participan en la recepción de los viajeros, articulando una red que conecta a las comunidades de origen con sus migrantes.

Historias que la migración dejó suspendidas

Cada uno de los quince pasajeros representa una historia que se fue construyendo a distancia. Padres y madres que vieron partir a sus hijos siendo jóvenes y que, con el paso del tiempo, acumularon ausencias en fechas importantes, celebraciones y momentos familiares.

La migración no solo implica moverse de un territorio a otro. También fragmenta la vida cotidiana. Las visitas se vuelven esporádicas o imposibles, los trámites migratorios se convierten en barreras y el tiempo termina por ensanchar la distancia.

En este contexto, el viaje adquiere un significado distinto. No es turismo ni traslado ordinario. Es la posibilidad de recuperar un vínculo que se sostuvo durante años a través de medios indirectos.

El programa prioriza a personas de 65 años o más que llevan más de una década sin ver a sus hijos en Estados Unidos. En esa etapa, el tiempo se vuelve un factor determinante y el reencuentro deja de ser una opción lejana para convertirse en una urgencia.

Después de años sin verse, adultos mayores de Guanajuato cruzan la frontera para reencontrarse con sus hijos

El impacto de este primer grupo de 2026 no se mide en cifras institucionales, sino en lo que ocurrirá al llegar a su destino: quince familias que volverán a verse, décadas de espera que se reducen a un instante y una escena que se repite en distintas formas en todo Guanajuato.

Porque en un estado marcado por la migración, estas historias no son excepcionales. Son parte de una memoria colectiva donde la distancia ha sido constante. Este vuelo, al menos para quince familias, representa algo distinto: la posibilidad de interrumpir esa distancia, aunque sea por un momento, y convertirla en presencia.


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