A sus 101 años, Eufemia Rodríguez sigue sorprendiendo por su energía y por una historia que comenzó en un hogar donde, asegura, nunca vio pelear a sus padres. Su testimonio abre la campaña Historias Centenarias, Recetas para Vivir, que busca rescatar las enseñanzas de las personas centenarias de Guanajuato antes de que el tiempo las convierta en recuerdos.
Cuando Eufemia Rodríguez dice que tiene 101 años, la reacción suele repetirse una y otra vez. Hay quien sonríe con incredulidad, quien vuelve a preguntarle la fecha de nacimiento y quien simplemente piensa que exagera. Ella ya está acostumbrada. No intenta convencer a nadie con largas explicaciones. Basta una respuesta sencilla.
“Tengo 101 años. Nací el 20 de marzo de 1925. La gente dice que no represento los años que digo, pero esos tengo… tengo mis papeles“.
Lo dice con la serenidad de quien ya no necesita demostrar nada. Después de todo, ha vivido más de un siglo. Ha visto cambiar calles, costumbres, gobiernos y generaciones enteras. Sin embargo, cuando le preguntan cuál ha sido el secreto para llegar a esta edad con la energía que todavía conserva, su respuesta no habla de remedios, tratamientos ni dietas especiales.
Viaja, en cambio, hasta los recuerdos de una niña que creció en una casa donde la paz era parte de la vida cotidiana.
En tiempos donde abundan las recomendaciones para vivir más y mejor, Eufemia parece encontrar la respuesta en algo que hoy puede parecer tan simple como extraordinario: crecer en un hogar donde el respeto siempre estuvo por encima de los gritos.
Su historia es la primera que el Sistema DIF Estatal de Guanajuato comparte dentro de Historias Centenarias, Recetas para Vivir, una campaña que busca rescatar las experiencias de las personas de 100 años o más y reconocerlas como parte viva de la memoria del estado.
Pero antes de convertirse en el rostro de esta iniciativa, Eufemia simplemente vivió.

La tranquilidad también puede heredarse
Cuando recuerda su infancia, Eufemia no habla de grandes acontecimientos. No menciona fechas históricas ni momentos que aparezcan en los libros. Lo primero que viene a su memoria es el ambiente que respiraba dentro de su casa.
“En mi casa, desde que nací duré 16 años, soltera, lo mucho o poco que viví, nunca vi pelear a mis padres“, recuerda.
La frase parece sencilla, pero encierra una reflexión que fue tomando sentido con el paso de las décadas.
“Quizá por eso me conservé, porque eso cuenta mucho“, añade.
Para ella, la tranquilidad no fue solamente una forma de vivir, sino una enseñanza que terminó acompañándola durante toda su existencia.
No habla desde la nostalgia. Habla desde la experiencia de quien ha tenido más de cien años para mirar hacia atrás y preguntarse qué fue realmente importante.
Aquella armonía familiar se convirtió en el ejemplo que buscó reproducir en su propia vida. Nunca lo plantea como una fórmula infalible, pero sí como una convicción nacida de lo que vio en casa y de los años que han pasado desde entonces.
En una época marcada por el estrés, las prisas y la incertidumbre, sus palabras encuentran eco precisamente porque no intentan dar lecciones. Simplemente cuentan una historia.
Y quizá ahí radica su fuerza.

Eufemia, una vida construida con trabajo y gratitud
Como muchas mujeres de su generación, Eufemia conoció desde joven el valor del trabajo. No presume una vida fácil ni una historia libre de dificultades.
“Trabajé toda mi vida. Aquí también trabajé. Es la vida que Dios me ha dado, como ha querido, pero estoy agradecida que, a pesar de todo, estoy aquí con vida“, expresa.
Su relato no está lleno de hazañas extraordinarias. Lo extraordinario es precisamente lo contrario: haber encontrado sentido en una vida sencilla, marcada por el esfuerzo cotidiano, la familia y la capacidad de agradecer incluso los momentos difíciles.
Quizá por eso, cuando llega el momento de compartir su llamada “receta para vivir”, no necesita elaborar un discurso.
Su consejo cabe en una sola frase.
“Ayuda a los demás siempre que puedas”.
Son apenas siete palabras, pero detrás de ellas hay un siglo entero de experiencias.
No es un mensaje que naciera para una campaña institucional ni para una entrevista. Es la conclusión a la que llegó después de haber atravesado más de cien años de cambios, pérdidas, alegrías y aprendizajes.

Historias que todavía esperan ser contadas
La historia de Eufemia es apenas la primera de muchas que el Sistema DIF Estatal pretende compartir en los próximos días.
Después de una primera etapa dedicada a localizar personas centenarias en Guanajuato, la campaña Historias Centenarias comenzó a difundir sus testimonios bajo el nombre Recetas para Vivir, una serie de relatos donde hombres y mujeres que han superado el siglo de vida comparten aquello que consideran esencial para vivir plenamente.
El presidente del Consejo Consultivo del Sistema DIF Estatal, Juan Carlos Montesinos Carranza, señaló que durante las visitas realizadas a estas personas encontraron frases que inspiran y que reflejan la experiencia acumulada durante más de un siglo de vida.
Cada encuentro, explicó, representa también una oportunidad para reconocer a quienes han sido testigos de la transformación de Guanajuato y acercarles los programas y servicios dirigidos a las personas mayores.
Hasta el 22 de julio, el registro contabilizaba 122 personas de 100 años o más en distintos municipios del estado. De ellas, 84 son mujeres y 38 hombres, provenientes principalmente de León, Guanajuato capital, Irapuato y Dolores Hidalgo. La persona de mayor edad registrada hasta ahora es una mujer de 107 años, residente de León.
Sin embargo, el DIF considera que todavía hay muchas historias por descubrir.

La búsqueda continúa hasta el 10 de agosto
La convocatoria para registrar a personas de 100 años o más permanecerá abierta hasta el 10 de agosto de 2026.
Familiares, vecinos o conocidos pueden inscribir a quienes hayan alcanzado esa edad proporcionando datos básicos y un medio de contacto a través de la plataforma oficial del programa.
El objetivo no es únicamente elaborar un padrón. También busca rescatar testimonios que hablan de otra época, conservar experiencias que difícilmente volverán a repetirse y reconocer a quienes han sido protagonistas silenciosos de la historia de Guanajuato.
Porque detrás de cada persona centenaria hay mucho más que una cifra extraordinaria.
Hay infancias marcadas por costumbres que ya desaparecieron, años de trabajo, familias que crecieron alrededor suyo y lecciones que no aprendieron en una escuela, sino durante décadas de vida.

Eufemia Rodríguez ya compartió la suya.
No habló de fórmulas milagrosas para vivir más de cien años. Tampoco de secretos imposibles de alcanzar.
Prefirió volver a la casa donde creció, recordar que nunca vio discutir a sus padres y resumir un siglo de vida con una idea que sigue teniendo sentido en cualquier época: ayudar a los demás siempre que sea posible. Esa, dice ella, ha sido la mejor receta que encontró para vivir una vida plena.















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